Publicado en La Nación 26/02/2016
El último administrador del edificio de propiedad horizontal en el que vivimos fue un despilfarrador serial, dejó deudas impagas, vacío el fondo de administración, en mal funcionamiento los servicios centrales, sin llevar a cabo trabajos de reparación muy necesarios y es sospechado de defraudación en connivencia con los proveedores de insumos y servicios. Además, su estilo de administración generó un clima enrarecido en las relaciones vecinales.




