Publicado en Clarín, 17 de septiembr de 2026
Los actores políticos (funcionarios y partidos) de las democracias están cuestionados; la incapacidad para responder a necesidades y expectativas de la ciudadanía sobresale en los motivos de la acusación y simultáneamente se profundiza el ataque al Estado desde sectores poderosos que pregonan el desarrollo de un capitalismo sin traba alguna. Así, mientras la democracia se encuentra bajo fuego desde “abajo”, el accionar estatal lo sufre “desde arriba”
Pero desde este mismo sector, comienzan a extenderse críticas a la democracia colocándola ahora también bajo fuego de “arriba”. Se sostiene que es un problema para la “libertad”, eufemismo para significar fluido funcionamiento del actual capitalismo neoliberal. Por ejemplo, Peter Thiel en su trabajo “The Education of a Libertarian” (2009) nos dice “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles” y “El demos irreflexivo guía la llamada socialdemocracia.” Por su parte, Curtis Yarbin (seudónimo Mencius Moldbog) en su “Formalist Manifesto” (2007). Sostiene “…la democracia es —como coincidían la mayoría de los escritores antes del siglo XIX— un sistema de gobierno ineficaz y destructivo… la política democrática se entiende mejor como una especie de violencia simbólica, como decidir quién gana una batalla según la cantidad de tropas que haya llevado”.







