Un Trío Disfuncional

Publicado en Clarín 3/10/2019

 

Capitalismo, democracia y sociedad conforman en Argentina un trío claramente disfuncional que explica nuestra larga decadencia. Primero, describiremos las características locales de estos tres actores.

El modesto capitalismo argentino se basa en una economía exportadora fundamentalmente primaria (agricultura, ganadería, pesca y minería) con poco valor agregado junto a una industria bastante diversificada e intensamente demandante de divisas para adquirir bienes de capital e insumos pero cuyos precios y calidad  la condena, en general, a una escasa capacidad exportadora. De  esta manera la industria es altamente dependiente de la suerte del sector primario exportador.  A pesar de esta fuerte limitación, la economía y la situación fiscal tuvieron periodos de auge al amparo de circunstancias excepcionales y relativamente duraderas explicadas por diversas causas: nutridos fondos provenientes de sistemas previsionales en formación (primer Perón), venta de activos públicos y endeudamiento externo (Menem) y auge del precio de las commodities (Kirchner). Ellas permitieron diferentes bonanzas mientras que la crisis económica y fiscal sobrevenía cuando se agotaba la situación excepcional

La sociedad argentina, por su parte, experimentó los beneficios de estos momentos económicamente excepcionales y suficientemente prolongados para que se pensaran como normales. No obstante, la situación social y política se tornaba crítica cuando aparecía con claridad la endeblez del sistema productivo frente a las expectativas y experiencias de consumo que buena parte de la sociedad  experimentó en los  extensos periodos de bonanza. Se trata además de una sociedad que desarrolló fuertes organizaciones de defensa y lucha por sus intereses aun en los sectores mas vulnerables.

La democracia argentina, por un lado se basa desde hace un cuarto de siglo en urgencias electorales bianuales que incide fuertemente en el cortoplacismo de quienes obtienen el gobierno y pretenden conservarlo y, por el otro, exhibe inexistencia de  acuerdos básicos en los temas fundamentales por parte de las principales fuerzas políticas. Ello afecta negativamente tanto los intentos drásticos como gradualistas de resolver los desequilibrios macroeconómicos que se generan en los periodos donde desaparecen las circunstancias excepcionales.

La dinámica entonces que caracteriza las relaciones del trío es la siguiente: el capitalismo funciona aceitadamente en los momentos excepcionales mientras la sociedad disfruta de un nivel de vida que considera aceptable, pero cuando aquellos momentos desaparecen la presión social y política de la fuerte y organizada sociedad cuyas expectativas no admiten demoras para concretarse, puja por retornar a la experiencia de dichos periodos reforzando la crisis económica y conduciendo a serias consecuencias sociales y bruscos cambio electorales y políticos que no encuentran solución hasta la aparición de nuevas circunstancias excepcionales, es decir, algún nuevo “milagro”

El capitalismo frágil condicionado por la activa sociedad civil y por una democracia sin acuerdos básicos y jaqueada por el cortoplacismo de la lucha política explican la larga y lenta decadencia del país. Este mal funcionamiento del trio promete una continua decadencia matizada quizás por alguna circunstancia excepcional futura. No parece haber milagro a la vista y por lo tanto el próximo gobierno y la sociedad deberemos prepararnos para tiempos ajenos a nuestras expectativas.

Hay caminos alternativos que nos rescaten de la larga decadencia. Creo que el mejor para armonizar capitalismo y democracia con nuestra sociedad es un gobierno de Unidad Nacional con una estrategia acertada de desarrollo económico-social. La probabilidad de ello es bajísima, utópica,  dada las miradas bastante polares sobre los caminos que hay que seguir en las principales fuerzas políticas. Y aun mas, con la amenaza de veto de la sociedad civil si los logros no se cosechan rápidamente abriendo paso a propuestas mesiánicas, preludio de nuevos fracasos. Pero vale la pena intentarlo y ojala pueda serlo antes de sufrir grandes sustos como sociedad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *